
Palabras
Ya no encuentro las palabras adecuadas. Casi todo lo que digo suena ridículo. Porque no expresa lo que siento. Hace tanto tiempo que ya no quiero estar aquí. Está empezando a parecer irreal. Me siento prisionero de mí mismo. La razón por la que sigo vivo es que tengo miedo a la muerte. De lo contrario, ya no estaría aquí. Porque mi decisión ya está tomada. Si pasara mis días relajado, sería distinto. Si todavía soñara con cosas, sería distinto. Qué más da. Vivir o morir. Ya no consigo marcarme objetivos, seguir acumulando piedras. Poco a poco veo los hilos de la vida, la telaraña en la que sucede todo y la ilusión del libre albedrío que resulta de su complejidad. Nunca he terminado de aterrizar en esta vida, con raíces y cimientos. Floto a la deriva por esta vida y atravieso todo lo que se puede atravesar. He podido conocer de todo en esta pequeña vida mía. ¿Se ha vuelto aburrida? Muchísimo. Lo único que todavía querría ahora es naturaleza. Para los últimos años de mi vida quiero tener la naturaleza a mi alrededor. Con toda su belleza y toda su dureza. Honesta. La naturaleza es honesta. Sin agendas políticas, sin juegos de poder, sin mentiras ni pretextos, sin cuentas que saldar a final de mes, sin promesas.
Preferiría no volver a despertarme. No es que sea infeliz, simplemente ya no puedo participar en este juego. Todos interpretan su papel, con la vida como decorado, y ya no lo soporto. Lo único en lo que todavía puedo convertirme es en el héroe absurdo. Tengo que entrenarme para entregarme por completo a esa broma enfermiza que llamamos vida. Tenemos una palabra para ello, la vida, pero no dice nada de la experiencia en sí. ¿Qué es vivir? ¿Vivir es poder elegir? ¿Vivir es libre albedrío? ¿Vivir es amor? ¿Qué significa esa palabra, «vida»? Todos nos engañamos. Nadie sabe qué hacemos aquí y todo el mundo intenta controlar algo completamente absurdo. Nunca llegarán las respuestas. La ciencia tiene hoy una respuesta para todo, pero ante las preguntas de verdad solo hay oscuridad absoluta. Convertirme en un héroe absurdo. Sobrevivir a mi intento de suicidio es lo más absurdo que me ha ocurrido en toda mi vida. Arrojarme con tanta entrega a esa oscuridad, despedirme de todo y de todos, estar convencido al cien por cien de que unos minutos después estaría muerto y, aun así, seguir vivo. Pronto hará cuatro años y todavía no me alegro de que no saliera como esperaba. El kambo es lo único que me ha vuelto a acercar lo suficiente a aquel momento de morir. Así que tengo que volver a la rana. Sacar toda mi rabia.
Es muy difícil seguir combinando la vida más cotidiana con mis ganas de morir. A veces la gente dice que hay que vivir cada día como si fuera el último. Es una estupidez absoluta. No se puede vivir cada día como si fuera el último. La gente debería tener más cuidado con las citas y las frases idiotas. Si mañana fuera el último día de tu vida, perderías completamente el control. Dejarías de dormir. No tendrías ni un minuto de descanso. Te invadiría el miedo. El pánico. La tristeza. La rabia. Pasarías por todas las emociones. Vivir cada día como si fuera el último. Menuda estupidez. La estupidez del carpe diem. Intenta convencerte durante diez minutos de que morirás dentro de veinticuatro horas. Diez minutos convenciéndote de que este es tu último día. Diez minutos convenciéndote de que mañana se acaba todo, de que ya no habrá nada, de que la muerte es el final absoluto y de que después ya nunca, nunca, nunca volverás a estar. Nos convencemos de que la vida es algo hermoso, pero la vida es atroz. Patrones. La ilusión del libre albedrío. Dualidad. Dura. Durísima. La vida es durísima. Y la vida es el relato de los vivos. Había una vez mil personas que tenían cáncer y visualizaban que se habían curado. Murieron novecientas noventa y nueve. Adivina quién escribió el libro sobre cómo la visualización puede curar el cáncer...
Quizá deberíamos dejar de fingir que esto es fantástico. Y partir de ahí. En vez de toda esa esperanza y espiritualidad y almas y espíritus y un puto cambio hacia un nuevo tipo de conciencia. Joder, no veo ese cambio. No lo veo, maldita sea. ¿Veis un cambio en el mundo? ¿Veis solidaridad? ¿Veis que esté surgiendo una conciencia superior en el mundo? ¿Veis la legalización de plantas que de verdad pueden ayudar a las personas? ¿Veis cada vez menos separaciones? ¿Veis cada vez menos empresas que destruyen el planeta? ¿Veis cada vez menos especies amenazadas? ¿Veis cada vez más esperanza? ¿Estáis ciegos? ¿Esa es la nueva humanidad? ¿Una humanidad que se engaña para poder quedarse cómodamente sentada en su sofá? ¿Nos parece normal que los niños de seis años tengan que ponerse mascarilla? Nos lo hemos quitado todo unos a otros, ¿ahora vamos a quitarnos también la muerte? La vida me enferma. Otra vez esa palabra, la vida, como si significara algo.
Todos los pensamientos que tienes los tienes única y exclusivamente ahora. Todos tus recuerdos existen solo ahora. El universo está fijado. La historia ya está escrita y me he convertido en un héroe absurdo que observa. Aunque. No. Todavía no soy el héroe absurdo. De momento sigo siendo el héroe cobarde. Todavía no me atrevo a ser absurdo. Pero ya va siendo hora de volverme completamente absurdo. De todos modos, nadie tiene respuestas. Las personas son prisioneras de su pensamiento. Se han contado una historia y no pueden hacer otra cosa que creer en ella. La gente piensa que ser rica o pobre, feliz o infeliz es mérito suyo. Nada es mérito de nadie. La historia ya está escrita. La vida es como ir a ver una película al cine. La historia ya está escrita. Por suerte está la ilusión del libre albedrío, aunque quizá sería mejor darnos cuenta de que es una ilusión. No eliges nada. Elegir es como elegir entre rojo y azul cuando el universo ya sabe lo que vas a elegir. ¿Elegir sigue siendo elegir si ya está determinado qué elegirás? Entonces vuelven a ser solo palabras.
Las palabras solo tienen el significado que tú les das. Pero no solo las palabras. También las cosas. Todo. Todo tiene únicamente el significado que tú le das. La verdad está cada vez más cerca y no sé si todavía quiero conocerla. Nuestro cerebro es autodestructivo. El mío, al menos. La vida es un problema que nunca se podrá resolver. La propia vida es el problema. El problema es la vida misma. Ese es el verdadero problema. Todo lo demás son tonterías. Todo lo demás es ego. Todo lo demás son personas que se han contado una historia y han olvidado que no es más que una historia. Y ninguna historia es la verdad. Toda historia es una mentira. Y cuanto más tenemos que perder, más nos aferramos a nuestra historia. Cuanto más vacíos estamos por dentro, más nos aferramos a nuestra historia. Cuanto menos conscientes somos de nosotros mismos, más nos aferramos a nuestra historia. Los seres humanos somos capaces, como ningún otro ser, de convertir una mentira en verdad. Todos tenemos miedo de morir. Todos tenemos miedo de perder todo lo que tenemos. Todos tenemos miedo de sufrir para siempre. Todos somos unos cobardes. Todos nos aferramos a ideas que sabemos que son mentiras.
Cada noche, cuando me voy a dormir, levanto el dedo corazón. Conscientemente. Le hago ese gesto a la vida. Pienso: nunca se sabe si alguien está mirando y, a quien esté mirando, quiero enseñarle el dedo corazón. Que te jodan. Si vivieras cada día como si fuera el último, te volverías completamente loco. Si vivieras cada día como si fuera el último, ya te habrías suicidado mil veces. Si vivieras cada día como si fuera el último, ya no participarías en nada. Es terrible ver la vida tal como es. En este momento. Quizá todavía no lo veo todo. Pero lo que veo ahora es más de lo que ve la mayoría de la gente. Y duele de cojones. Es terriblemente duro. Es una tortura. Y yo ni siquiera quería seguir aquí. Voy a convertirme en el héroe absurdo. Poco a poco me volveré cada vez más absurdo. Me reiré de la vida en su cara. Ya no juego.